La última vez que publiqué aquí fue hace dos años.
Yo estaba en segundo de carrera, y retomé mi blog, aunque escribiese chorradas sin sentido, porque uno de mis profesores de la universidad nos recomendó tener un blog y utilizarlo.
Ha pasado mucho tiempo, pero sobre todo muchas cosas. El Madrid ha ganado 3 Champions seguidas, Eric Granado ha sido Campeón de Europa de Moto2, Dani Pedrosa va a dejar el mundial de motociclismo, Pablo López tiene 3 discos en el mercado, e incluso hemos cambiado de presidente del gobierno. ¿Intensos estos dos años, no?
Me han pasado tantas cosas, he conocido a tanta gente, y he apartado a personas de mi vida, que si retrocediese a 2016, no sé si me conocería.
También he acabado la carrera, y ahora me creo una persona adulta, porque trabajo y tengo una gran responsabilidad.
He seguido creciendo, aunque en muchas ocasiones sigue saliendo a la luz esa pequeña Sofi que ríe, llora, vive intensamente cada momento y en ocasiones pierde los nervios.
Como dice Paulina Rubio: "nada podrá cambiarme" y estoy intentando seguir esa filosofía. No quiero permitir que nadie me quite la sonrisa, ni consiga que cambie mi forma de actuar. Soy como soy, y el que quiera, que me compre así.
Sí, sigo creyendo en el amor. En las relaciones verdaderas, llena de cariño, de respeto. En ésas que soportan las distancias, y cuando suceden los reencuentros se sellan con abrazos que rompen los huesos.
Y ojalá un día, llegue esa persona que mueva algo dentro de mí, que pinte en mi cara una sonrisa de boba, que quiera mover mi mundo, y deje que yo mueva el suyo. Ese amor que te dé energías para recorrer el mundo, que comprenda tus pasiones y locuras, y te acompañe a un estadio, un circuito o un auditorio y viva contigo esos momentos que te llenan de magia.
También creo en la amistad, de la buena. De la que te hace reír tras una pantalla, te escucha y te lee cuando tienes un día malo, y te da consejos (sean buenos o malos). Creo que esa amistad que surge por casualidad, traspasa las pantallas, da abrazos que tiran gorras al suelo, y te hacen conocer cada rincón de Madrid. O esas amistades que te abren las puertas de su casa, y te dejan dormir en un colchón, y te cuentan historias de música indie, de festivales. O bueno, cómo no creer en una amistad que está ahí para enviar y escuchar audios medio borracha volviendo a casa, y por la mañana escucharlos y reír. O ésas que comienzan escribiendo historias, y acaban luchando juntas por defenderse de las críticas. Y creo que una de las amistades más bonitas que se puede tener es ésa que te hace cenar muchas noches en el Burger, o recorrerse la provincia de pueblo en pueblo, de fiesta en fiesta.
Y la familia, qué gran tesoro ése. Poder compartir bautizos, bodas, cumpleaños, reuniones familiares, o cualquier encuentro casual, es algo muy bonito. Mostrarle al mundo la piña que somos, de estar en las buenas, y en las malas. De apoyarse y encontrar soluciones. Y si algún miembro lo está pasando mal, párate, llora junto a él, abrázalo fuerte, y coge impulso, porque tienes que tirar de él para continuar esta carrera. Somos familia, y estaremos unidos siempre, pase lo que pase.
Que sí, que hay millones de razones para irse, pero también hay una (o muchas) razones para querer quedarse donde estás, y seguir labrando tu camino.
Y yo hoy, me estoy agarrando a una razón de peso, a esa persona que es mi ejemplo a seguir, esa persona que es tan buena, y está tan llena de luz, que no merece todo lo malo que está pasando. Si yo estoy graduada en ADE es por ella, porque quise ser como ella. Sus consejos me animaron a no rendirme, y ahora lo digo yo, NO NOS RENDIREMOS, superaremos cada bache que nos ponga la vida, y al final, TODO LLEGARÁ.
No hay comentarios:
Publicar un comentario